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Mostrando entradas de 2017

UN VERANO PARA ABRIL

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Tengo trece años. El verano ha llegado al pueblo y las clases en el colegio están por comenzar. Me gusta ir en bicicleta. Aún recuerdo cuando conocí a Abril. Está parada a un lado del camino. Tiene dos hojitas de té por ojos. Respira como una rana; sentada al filo de un charco, con su bicicleta de canastilla tumbada en la hierba. Había pedaleado mucho desde el pueblo y su intención era llegar a la gran represa, me dijo. Me encogí de hombros y le dije que no había represa alguna, que ya iba a oscurecer y que sería mejor que regresase al pueblo. Yo empecé a pedalear mi bicicleta, dándole la espalda.  Al cabo de un rato, escuche el timbre ronco de su bicicleta a mis espaldas. Volví la vista y la vi pedaleando duro, gritando: ¡eh, espera!.  Dejé que me alcanzara y comenzó a pedalear a mi lado, zigzagueante, como un animalito que ya ni fuerzas tiene. -           ¿cómo que no hay represa alguna? – me preguntó, mientras amenazaba c...

PERROS DE CAZA

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Yo soy Bermellón, azafrán, malva, siena, albaricoque, turquesa, ónice, anjeo, arenque, corona, verdín, gorgonzola sin brillo. Camino por Betelgeuse, Pólux, Cástor, Capella, Perros de caza, Antares, Canope, la cruz del sur sobre mi casa. Ella cumple seis lustros y no treinta años. Y así, Camila dice que me conoce. Se cubre con una sabana y me dice: no me mires. Yo quiero ser una grulla y rascarme el mentón con una pata. Si por Camila fuera ella sería Psiquis y yo Amor. No la entiendo. Flota todo el día como un nenúfar y a mí me da miedo tocarla y que se hunda del todo. Se apoya en el balcón y me dice ven, ven mira. Yo la miro desde la cama, desnudo, pensando que en la caja del tímpano tiene una bailarina que no para de girar. Cuando vuelve a la cama y se mete bajo las sabanas me dice ven con tu pagoda. Yo le digo, tomándola del talle, que es una cornamusa de Numancia y no una pagoda. Se ríe cuando la toco y me dice: apúrate, ya va a oscurecer y te tienes que ir. Desde punta aren...

UNA RONDA Y NADA MAS

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Para entonces, yo había cumplido veintiséis años, llevaba una vida a tiempo partido: entre la universidad y un bar al que frecuentaban algunos intelectuales, por decirlo así, de la localidad. Frecuentar dicho bar me dio la oportunidad de conocer a prestigiados escritores; no tan prestigiados escritores; prestigiados pintores; no tan prestigiados y, así, al infinito. Pero fue en dicho bar en que tuve la oportunidad de conocer a Mario Vargas Llosa. Fue gracias a una invitación personal que el pintor Gerardo Chávez me hizo extensiva a la recepción que éste le haría a aquél en dicho bar, que además era de su propiedad. La cita había sido establecida a las cinco y media de la tarde. Entusiasmado, había tomado una de mis novelas preferidas, me había agenciado de algunas monedas, y había ido con dos horas de anticipación a la cita. El bar se encontraba abierto como siempre al público, más ese día parecía estar distinto: el barman, un gran amigo con el que se podía hablar desde Marguerite ...

CICATRICES

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Con Camila tenemos un pacto. Dormimos por las tardes, después de hacer el amor en una pequeña habitación que tiene en el Jirón Almagro. No la veo casi nunca, ni sé lo qué hace. Me gusta escribir, creo. Tengo una docena de malos cuentos. No trabajo, bebo mucho, suelo ser feliz. Trato de no discutir con eruditos. Son como una molestia y me avinagran el vino que me infla la barriga.  Cuando le hago el amor a Camila me gusta tocarle la cicatriz que tiene en su abdomen. Siempre se pone de costado para poder tocarla mejor. German me espera siempre en la boca de un zaguán.  Se apoya en la pared, enciende un cigarrillo y me espera. En el bar de Milton bebemos caña. El baño del bar es hediondo y mal oliente, por eso no traigo a Camila acá. El pene de la ballena, dice German, como si fuera nuevo hablar de Henry Miller. Primero se me adormece la lengua y luego ya no escucho a nadie. Me imagino a Camila acostada con otro hombre. Quizás por las noches duerma con él. Nuca la voy a ve...

PARTÍCULAS DE GOMA

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De pronto alguien escribe esto. Una vez más ha tomado el lápiz y da golpecitos en una hoja en blanco. Se lo pone  a la altura de la boca y piensa en qué escribir. Y lo hace. Me escribe sentado, a un costado de la cama, aun con sueño, frotándome el rostro a las seis de la mañana. Entonces raya frotándose , y escribe cubriéndose con dos manos. Me escribe sentado en la mesita de sala con una taza de café humeante, ojeando la TV. Me escribe bajando las escaleras del edificio, anudándome la corbata, hablando por el móvil a la oficina. Escribe puntos seguidos… un auto azul, calentándose en la cochera, mientras busco la emisora. Entonces hace un borrón. Muerde el borrador con los labios y vuelve a borrar todo. Luego sopla la hoja para que las partículas de goma roja se vayan. Y escribe. Me dibuja. Es la avenida arenales y el jirón  dos de mayo. Es un hotel. Es una habitación. Una tina de agua tibia y tengo los ojos cerrados. Son las ocho de la mañana y me esperan en la reunión. E...

UN PEZ MUY GRANDE

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A mí me gusta pensar en él. Para cuando lo conocí, me dijo que solo quería volar. Decía que soñaba con comenzar a correr rápido, cada vez más, y poco a poco comenzar a elevarse. Entonces cerraba los ojos y abría los brazos, y me decía que hasta podía sentir el aire sobre su rostro. Yo me reía, pero él me dijo que sí alguna vez iba a volar, lo iba a hacer sobre un campo de trigo y bajo un cielo azul. Me dijo, además, que con sus dedos tocaría las ramitas. Y yo le dije que a mí me gustaba su idea. Siempre me gusta pensar en él. Me gusta, por ejemplo, recordar el día en que me llevó a ver el estanque a las afueras de la ciudad. Era un lago grande de aguas oscuras. Me dijo que había leído una novela donde decía que cuando el agua va discurriendo es porque va dormida; pero cuando se estanca, abre los ojos y mira al cielo. Yo encontré, años más tarde, la frase en un libro de Asturias. Se llamaba Hombres de Maíz. Y entonces me preguntaba que miraban los charcos de las llu...

NO VUELVAS NUNCA MAS A MI

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El bar Irlandés de la Calle Refugio es muy concurrido. Una barra laqueada a la altura del pecho divide a los clientes del barman que, enfundado en un delantal blanco, cuelga de su hombro un mantel. Parados, acodados, sentados en los taburetes, los clientes platican haciendo sonar sus copas. Otros, oficinistas, grupos de amigos, algún agasajado, parejas de enamorados, se ubican al fondo del bar, entre las mesas iluminadas tenuemente por una lamparilla de metal. Un tipo alto, de saco roído, se ha parado junto a la rocola; inserta una moneda y se aleja. Al cabo de unos segundos, la canción se echa a andar en todo el local. Tú, cada vez que te he visto llegar/ Al ver que no te ibas a quedar / Decidido dije nunca más / Mas nuevamente estúpido probé / De ese dulce amargo cuando sé / Lo que siento cuando tú te vas... - ¿Aún piensas en ella? – le pregunta Vicente. El camarero deja sobre la mesa bruscamente dos vasos de cerveza fría y un pote de maní, haciendo bambolear la ...

HISTORIA Y HOTELES

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Definitivamente me gustan los hoteles caros. Si tienen 5 estrellas, mejor. Me encanta sus habitaciones amplias, sus grandes cortinas, el agua tibia y el desayuno americano al otro día, vía service room . Y eso, definitivamente, me lo permiten las clases que doy. He viajado esta año dando conferencias sobre derecho, como nunca en mi vida y, valgan verdades, pienso que estafo a los asistentes. El otro día, por ejemplo, gracias a la amabilidad de un Vocal Superior de Arequipa, con quien llevo un curso en Chile, me propuso unas conferencias sobre el nuevo sistema procesal penal (soy abogado, por si no lo he dicho) en dicha ciudad. Acepté. Viaje con una delegación de ponentes, entre los que se encontraban magistrados, fiscales, docentes y uno que otro amigo que he logrado en estos viajes. Tanto son los viajes, que ya no imagino uno si no es vía avión (al igual que los hoteles baratos, los viajes en autobús son un recuerdo malo en mi memoria). Llegamos un lunes en la mañana....

RECORDANDO A WILLY

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Era del 59, pero aparentaba ser más joven. Nos encantaba pensar con quienes habría compartido su vida, las familias en las que habitó, pero estábamos seguros que cada uno de ellos lo había cuidado con mucho esmero. A parte de la ausencia de uno de los retrovisores laterales, el Mini Austin Cooper que compramos Ofelia y yo se mantenía en buen estado. Lo adquirimos de un ciudadano ingles de la Calle Porrúa, a cuatro cuadras del primer departamento que alquilamos. Era el inicio de nuestro matrimonio y, con la paga que recibía ella de sus clases de música y la mía de profesor de liceo, decidimos buscar un auto a nuestro alcance. Le pusimos de nombre Willy. Me basta cerrar los ojos y recordarlo todo. Ella está de espaldas en el fregadero, mientras yo llego del trabajo, dando saltos en las baldosas como un peón, hasta tomarla del talle. Que susto que le he dado, se queja, un día de estos la voy a matar de un sincope. Exagerada, le digo, mientras nos besamos y, de pronto, en un bolsil...

LA ISLA DE LA MARTINICA

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Dentro del Círculo Universitario, José María y la Martinica eran la pareja más bella. Por eso, cuando se separaron, todos pensamos que se trataba de una más de sus peleas. El círculo fue cayendo, y las reuniones donde se leía a Philip Roth o James Baldwin se perdieron. Al principio, como si se tratara de un acuerdo entre ambos, llegaba uno y el otro no. Extrañábamos, por ejemplo, que José María empezara la reunión del círculo con alguna palabra; una vez leyó el blues de Sonny, de Baldwin, en un libro de pasta roja titulado “Al encuentro del hombre”: el mundo esperaba afuera, hambriento como un tigre, y que el tumulto se extendía sobre nosotros, más extenso que el cielo . Todos nos mirábamos, pero ellos dos se besaban, como si con eso sellarán lo hermoso de cada lectura. Él se reflejaba en sus ojos, y ella dormía en su hombro. A veces, cuando caminábamos luego de las reuniones, pensábamos que la pareja era algo inusual; nos parecía que dormían en un libro y se despertaban en medio d...

UN GATO EN CASA ROJA

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Mientras me despedía de los amigos del trabajo en el estacionamiento del mismo, el móvil comenzó a sonar dentro de uno de mis bolsillos. Tardé un rato en encontrarlo (como suceden con mis llaves, documentos, etc.). Del otro lado una voz femenina dijo mi nombre: ¿Zoe?; ¿Sí?, contesté. Entonces la voz me pregunté si no la reconocía, y la verdad es que me era totalmente extraña, así que se lo dije: no. La voz se quedó callada un rato y luego, como si hubiere recapacitado que no vale la pena molestarse por ello, me dijo si me acordaba de una casita roja con una salita de juguete. Entonces grité: ¿Ofelia?. Y, en efecto, era ella: había llegado de Madrid después de haber estado ausente siete años y quería verme. Entonces me senté en el auto y le dije que, por mí, encantado. Al colgar el móvil sentí que mi mente retornaba diez años atrás, cuando aún no había acabado el verano. Entonces cerré los ojos y me vino a la mente aquella vida. Aquel año, al final del verano, alquilamos una casit...

VOLVER A EMPEZAR

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No bien habíamos terminado de cenar, Ximena me lanzó la pregunta: ¿hasta cuando vas a estar así, Zoe?, ¿Cuánto tiempo ya de ello?. Entonces Roberto, su esposo, intervino para llamarle la atención, puesto que, valgan verdades, Xime, que  barbaridad contigo, lo invitamos a cenar y lo primero que se te ocurre es preguntarle ello. No había problema, me había excusado y la verdad es que Xime tiene toda la razón, Roberto, ya ha pasado más de un año y medio en que Susane Lire me dejó. Y mientras Roberto recogía la mesa, Xime intervino para decirme que Susane no me había dejado, sino que se había muerto, y eso era un hecho natural y que, a la larga, a todos nos iba a pasar. Esta vez sí que Roberto se quedo parado mirando a su esposa, pues valgan verdades que frialdad la tuya, Xime, le había dicho, habría que ponerte en una agencia de seguros de vida. Pero a mi solo me daba por reír con las cosas de esos dos locos, pues sabía perfectamente que la Xime había amado tanto a su ...

MUNDO DE SUEÑOS

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A veces despierto; otras, solo sueño. Mi rostro reflejado en un vitral, y del otro lado del mismo un tren diminuto gira sobre un riel de plástico. Busco guantes y alguna bufanda. Algunas ocasiones me pongo en cuclillas y reviso una pluma fuente, bien lograda, muy bella en mis manos. Camino poco y duermo mucho. Mi mundo de sueños es más tranquilo que el real. Por las noches, cuando todos duermen, yo despierto y enciendo la lamparita de cama. Se ilumina el techo de mi habitación y me muestran las estrellas luminosas, rastros de una antigua inquilina que unió muchas de ellas plastificadas y en color neón. Mi dedo las une, nombrando sus nombres; Capella, Sirio, Procyon, Canopo y Régulo; pegadas sobre la puerta yace Alcor, Mizar, Vega, Deneb, Rigel y Betelgeuse.  De un tiempo acá hablo solo. Una vieja manía aprendida en el colegio que ha regresado. En la cómoda duerme el libro viejo. Su pasta gruesa oculta la historia de niños perdidos en una isla, salvajes, el mundo...

UNA CASA ILUMINADA

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Sucede siempre así: Me quedo exhorto en algo. No es que pierda la vista del interlocutor, lo que pasa es que, apenas me pierdo en mis pensamientos, ya no escucho sin dejar de verlo a los ojos. Solo veo movimientos de manos y de bocas que gesticulan, se mueven de un lado a otro, esbozado una sonrisa que sé que debo devolverla con una mía. Por momentos regreso en sí y asiento, sonrío, esbozo un claro, te entiendo. Me siento en el café y pienso que un día de éstos vas a entrar, Lucía, que te vas a quedar parada allí y me sonreirás; te quejarás del tráfico y me tomarás la mano: ¿estás mucho tiempo esperándome?, y yo que va, amor, un ratito no más.  Me gusta hablar con Mario. Me cuenta que ya no aguanta a la Vane, que lo llama por las noches desde Lima para que le hable media hora por el móvil hasta dormirse, y yo me río, porque sé que a Mario, en el fondo, le encanta. Se toma la cabeza y yo me río. A veces pienso que me llamarás del aeropuerto, para decirme que ya...

UNA FUGA, UN PARA SIEMPRE

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En un café de la calle de Esponz y Minas, por la cual se llegaba a la Puerta del Sol, allá en Madrid, me esperaba Abril. Ella, que por aquellos años leía Proust y andaba en busca del tiempo perdido, me había citado para verme. No nos habíamos visto desde que yo dejé el Perú. Para entonces vivía en un cuartito de la Calle del Prado, cerca al Teatro Español y me ganaba la vida como traductor de español al japonés a un grupo de cocineros Nipones que me habían contratado. Estaba bella cuando la vi; tenía una chompa de lana muy larga que le llegaba a los mulsos y una boina también de lana y del mismo color gris. Pedimos soldaditos de pavía y brindamos con vino blanco como debía ser.  Me encontraba igual que siempre y con los ojos más grandes. Estaba de paso por Madrid y quería verme antes de irse. Se había casado me dijo y yo la miré a los ojos. Tonto, me dijo, claro que le amo. Yo me encogí de hombros y pedimos más vino. Le encantaba ese vino y yo le dije que era...

BUGANVILIAS EN ABRIL

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En su última carta, más allá de especificaciones sobre las Buganvilias, Abril me contaba sobre las revueltas que habían hecho noticia por esos días. Me costaba imaginarla protestando contra la dictadura. Sin embargo, por sus palabras, supe que todo era verdad, hasta su detención por comandos militares en uno de los ambientes de la Universidad donde estudiaba letras. “nos llevaron a un recinto y nos amenazaron de muerte”, me escribía en letras grandes, para una mujer que tenía el cuerpo más débil que yo haya conocido. A vuelta de correo, le contaba sobre mi vida en Palma de Mallorca, en mi casita de Migjorn, cerca al Club Náutico donde trabajaba de maître y por las tardes como Timonel cerca del Contramuelle Mollet, en una embarcación de nombre “Alma mía”.  Los días que vinieron no tuve noticias suyas sino hasta tres meses después en que me escribió desde Argentina. Había llegado como refugiada de la dictadura, se había marchado de tantas amenazas. Yo estaba en u...

DIARIO

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Los masones creen que existe una persona igual que uno en otro espacio y tiempo, no necesariamente mayor ni menor que uno, viviendo otra vida, en otro país o muy cerca. Dicen, además, que si uno, en otro lugar y tiempo, toma una decisión, ésta no solo le afecta a uno sino también a esa persona que es igual que nosotros. Hace unos años atrás, mientras vivía en Japón, leí esto y me quede pensando en este dogma. La idea de la otra persona igual que uno la vino a reforzar un cuento de Julio Ramón Ribeyro por aquellos días. Aquel día, bajo un letrero oxidado de Pepsi-Cola en rojo y azul, como el antiguo logo de la bebida, me senté a beber un café helado (allá se expenden en cada esquina) y pensaba en la idea de la otra persona igual que yo en otro espacio y tiempo. Entonces se me vino a la mente tomar alguna decisión y recodar la fecha para cuando la encontrase algún día y preguntarle que había pasado con ella. Pues bien, ese día tome la decisión de viajar a una antigua ciu...