MUNDO DE SUEÑOS


A veces despierto; otras, solo sueño. Mi rostro reflejado en un vitral, y del otro lado del mismo un tren diminuto gira sobre un riel de plástico. Busco guantes y alguna bufanda. Algunas ocasiones me pongo en cuclillas y reviso una pluma fuente, bien lograda, muy bella en mis manos. Camino poco y duermo mucho. Mi mundo de sueños es más tranquilo que el real. Por las noches, cuando todos duermen, yo despierto y enciendo la lamparita de cama. Se ilumina el techo de mi habitación y me muestran las estrellas luminosas, rastros de una antigua inquilina que unió muchas de ellas plastificadas y en color neón. Mi dedo las une, nombrando sus nombres; Capella, Sirio, Procyon, Canopo y Régulo; pegadas sobre la puerta yace Alcor, Mizar, Vega, Deneb, Rigel y Betelgeuse.

 De un tiempo acá hablo solo. Una vieja manía aprendida en el colegio que ha regresado. En la cómoda duerme el libro viejo. Su pasta gruesa oculta la historia de niños perdidos en una isla, salvajes, el mundo sin adultos que uno sueña ideal se va volviendo lúgubre, lleno de enigmas y terror. Imposible dejar de pensar en él. Fedor, mi gato, duerme cerca de cualquier artefacto que aún se mantenga tibio. Se ha jubilado temprano de ésta vida y de amores. No hay ni el menor rastro de cariño hacia mí. Si no fuera por la comida, ya me habría dejado hace mucho tiempo. Lo quiero. Una tetera azul, humeante silbadora, se va acabando a mi lado, llenando tasas de café negro, mientras escribo. Muchos libros, teorías sobre las conductas, pizarra y notas sin sentido. El ordenador encendido, mientras giro por la habitación en pijama y medias de lana. Me siento en la alfombra y me tumbo boca arriba. Mariposas y elefantes fosforescentes caminan por el techo. ¿Qué soñaba la inquilina que me precedió? Tajo un lápiz y las virutas caen en una hoja blanca. Un cuadro iniciado, voy dibujando casas de colores, manos, el rostro sin acabar. Imposible continuar.

 Hay días que me gustaría vivir dentro de una tempera. Imagino una y otra vez el color. Sería verde cuando llegue la primavera; nadaría en azul llegado el verano; un plomo sin brillo en el otoño; un blanco y rojo por el invierno. No quiero salir hoy de casa, solo quiero quedarme aquí. La noticia muestra a un rehén que ha sido puesto en libertad después de 8 largos años de secuestro, por su propio custodio, un soldado de la milicia de las FARC. El rehén ha contado, vía rueda de prensa, que ha sobrevivido en la jungla colombiana gracias al haber consumido ratones tostados al fuego. Debido a la soledad de su cautiverio, ha manifestado que, a fin de no volverse loco, ha dado clases a 7 árboles, a los cuales les ha asignado un nombre para cada uno de ellos; les ha enseñado los conocimientos básicos y, en las mejores horas de la tarde, les ha leído uno a uno los poemas de Mario Benedetti. ¿Cuál de los poemas de Mario les habría leído a sus frondosos alumnos?, ¿Cuál de sus alumnos fue su preferido?, ¿Cuál el peor alumno?, ¿los extraña? Definitivamente no quiero salir hoy de casa. Solo quiero diluirme en una tempera. Cuento estrellas fosforescentes mientras mis ojos se ven cerrando. Dormiré. Soñare con árboles. Leeré no te salves. Mi mundo de sueños es más tranquilo que el real.

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