PARTÍCULAS DE GOMA
De pronto alguien escribe esto. Una
vez más ha tomado el lápiz y da golpecitos en una hoja en blanco. Se lo
pone a la altura de la boca y piensa en
qué escribir. Y lo hace. Me escribe sentado, a un costado de la cama, aun con
sueño, frotándome el rostro a las seis de la mañana. Entonces raya frotándose,
y escribe cubriéndose con dos manos. Me escribe sentado en la mesita de sala
con una taza de café humeante, ojeando la TV. Me escribe bajando las escaleras
del edificio, anudándome la corbata, hablando por el móvil a la oficina.
Escribe puntos seguidos… un auto azul, calentándose en la cochera, mientras
busco la emisora. Entonces hace un borrón. Muerde el borrador con los labios y
vuelve a borrar todo. Luego sopla la hoja para que las partículas de goma roja
se vayan. Y escribe. Me dibuja. Es la avenida arenales y el jirón dos de mayo. Es un hotel. Es una habitación.
Una tina de agua tibia y tengo los ojos cerrados. Son las ocho de la mañana y
me esperan en la reunión. El terno sobre la cama, la credencial. Borra mi barba
y dibuja un rostro lozano, una mano que se estira y saluda. Es una mesa redonda
con proyectores, con gente que rodea la misma y beben café. Todos me preguntan.
Cómo es que llegue aquí. Horas y horas de trabajo. Se deja constancia en una
acta de trabajo de dos días. Mi nombre, mi cargo, mi firma. Voy en la parte
trasera del taxi, cruzando el centro, con los ojos entre cerrados: casas
sucias, llenas de hollín, gotas de lluvia en el parabrisas. La avenida grande y
aparecen las casas dormilonas de San Isidro. El hotel. Las llaves y el
elevador. La cama tendida, la ropa doblada, han aseado la habitación. Una tina
de agua tibia y tengo los ojos cerrados. Escribe mis sueños. Los borra.
Despierto y estoy en mi habitación.
Me siento en la cama y veo la hora. Me acerco al balcón y sé que es Domingo.
Afuera corre el viento y hace un bonito sol. Hay gente que trota y autos que
pasan raudos. Estoy en mi departamento una vez más. Tacha departamento y
escribe una tina de agua tibia y los ojos cerrados en un Hotel de Arenales.
Extraño la ciudad. Solo me había quedado dormido y soñaba con un domingo de
descanso. De pronto alguien sopla y partículas de goma roja se acumulan en
mis ojos.

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