NO VUELVAS NUNCA MAS A MI
El bar Irlandés de la Calle Refugio es muy concurrido. Una barra laqueada a la altura del pecho divide a los clientes del barman que, enfundado en un delantal blanco, cuelga de su hombro un mantel. Parados, acodados, sentados en los taburetes, los clientes platican haciendo sonar sus copas. Otros, oficinistas, grupos de amigos, algún agasajado, parejas de enamorados, se ubican al fondo del bar, entre las mesas iluminadas tenuemente por una lamparilla de metal. Un tipo alto, de saco roído, se ha parado junto a la rocola; inserta una moneda y se aleja. Al cabo de unos segundos, la canción se echa a andar en todo el local.
Tú, cada vez que te he visto llegar/ Al ver que no te ibas a quedar / Decidido dije nunca más / Mas nuevamente estúpido probé / De ese dulce amargo cuando sé / Lo que siento cuando tú te vas...
- ¿Aún piensas en ella? – le pregunta Vicente. El camarero deja sobre la mesa bruscamente dos vasos de cerveza fría y un pote de maní, haciendo bambolear la espuma. Sebastián da un gran sorbo sin dejar de mirarlo.
- Al comienzo siempre cuesta, muchacho – dice Boumpadre, cubierta la cara por una toalla. El vapor a duras penas deja distinguirlo. Sebastián, sentado en un rincón, se pone de pie y remueve las plantas aromáticas del caldero. Un olor a jazmín y eucalipto renuevan la habitación, luego se tumba boca arriba sobre una banca.
- Deberías olvidarla, compadre – la voz de Vicente suena grave; los ojos acuosos, la mirada lenta, sonríe, levanta su vaso vacío y se lo lleva a la boca. Se percata luego y lo deja sin fuerzas.-; ya tanto tiempo de eso, ¿qué fue lo que pasó realmente, cuéntame?
Tú, en tu mano está mi corazón/ Lo dejas caer sin compasión/ Miras con desprecio tanto amor/ Y creo que bastante soporté/ Acaba esta locura de una vez/ No vuelvas nunca más a mí.
- Las mujeres jamás se alejan, muchacho – Boumpadre se descubre la cabeza y su rostro aparece rojo por el calor, lleno de sudor.-, siempre vuelven cuando menos lo esperas.
- Yo ya me olvide de Marita, hermano - Vicente tiene la mirada perdida; se lleva un cigarrillo a la boca y con dificultad lo enciende. Su rostro de ilumina y deja salir una bocanada de humo.-, para mi esa mujer no existe ya, ¿tú que sientes?
Tú, cada vez que te he visto llegar/ Al ver que no te ibas a quedar / Decidido dije nunca más / Mas nuevamente estúpido probé / De ese dulce amargo cuando sé / Lo que siento cuando tú te vas...
- ¿Aún piensas en ella? – le pregunta Vicente. El camarero deja sobre la mesa bruscamente dos vasos de cerveza fría y un pote de maní, haciendo bambolear la espuma. Sebastián da un gran sorbo sin dejar de mirarlo.
- Al comienzo siempre cuesta, muchacho – dice Boumpadre, cubierta la cara por una toalla. El vapor a duras penas deja distinguirlo. Sebastián, sentado en un rincón, se pone de pie y remueve las plantas aromáticas del caldero. Un olor a jazmín y eucalipto renuevan la habitación, luego se tumba boca arriba sobre una banca.
- Deberías olvidarla, compadre – la voz de Vicente suena grave; los ojos acuosos, la mirada lenta, sonríe, levanta su vaso vacío y se lo lleva a la boca. Se percata luego y lo deja sin fuerzas.-; ya tanto tiempo de eso, ¿qué fue lo que pasó realmente, cuéntame?
Tú, en tu mano está mi corazón/ Lo dejas caer sin compasión/ Miras con desprecio tanto amor/ Y creo que bastante soporté/ Acaba esta locura de una vez/ No vuelvas nunca más a mí.
- Las mujeres jamás se alejan, muchacho – Boumpadre se descubre la cabeza y su rostro aparece rojo por el calor, lleno de sudor.-, siempre vuelven cuando menos lo esperas.
- Yo ya me olvide de Marita, hermano - Vicente tiene la mirada perdida; se lleva un cigarrillo a la boca y con dificultad lo enciende. Su rostro de ilumina y deja salir una bocanada de humo.-, para mi esa mujer no existe ya, ¿tú que sientes?
Una vez más aquí/ Curando las heridas de ese amor/ Me quedaré aquí/ Llorando nuevamente este dolor/ Ahora tengo que aprender/ Lo que es vivir si no estás.
- ¿Heridas? – le pregunta Boumpadre. Han dejado el sauna y se han sentado, con las toallas en la cintura, en una habitación de descanso. Piden una jarra de limonada fría y se tumban sobre unos sillones de cuero negro.- escúchame bien, huevón, las heridas no se curan bebiendo; se curan con mujeres, ¿comprendes?
- La muy perra se fue con otro pendejo.- esta triste, se toma la cabeza, esta ebrio. Vicente tiene el rostro de un niño sin alegría. Mira con ojos acuosos a Sebastián y le dice: la extraño, flaco, no sabes cuanto.
- Así que estuviste bebiendo con ese cojudo de Vicente Barahona- Boumpadre se cambia frente a los casilleros. Se aprieta la correa y su barriga se hincha. Sebastián se peina y se pone el saco. Ya afuera, el aire fresco les da en el rostro y Boumpadre respira hondo ; mirando fijamente a Sebastián, le dice: ¿cómo mierda puedes aceptar un consejo de un cachudo? Lo que debes hacer, muchacho, es preguntarte qué sientes aún por ella, eso es todo.
Y si me preguntaras si mi amor / Sigue siendo tuyo sé que yo/ Nuevamente te diré que sí / Y desde el fondo de mi corazón/ Antes que pierda la razón /No vuelvas nunca más a mí.
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