PERROS DE CAZA
Yo soy Bermellón, azafrán, malva,
siena, albaricoque, turquesa, ónice, anjeo, arenque, corona, verdín, gorgonzola
sin brillo. Camino por Betelgeuse, Pólux, Cástor, Capella, Perros de caza, Antares,
Canope, la cruz del sur sobre mi casa. Ella cumple seis lustros y no treinta años. Y
así, Camila dice que me conoce. Se cubre con una sabana y me dice: no me mires.
Yo quiero ser una grulla y rascarme el mentón con una pata. Si por Camila fuera
ella sería Psiquis y yo Amor. No la entiendo. Flota todo el día como un nenúfar
y a mí me da miedo tocarla y que se hunda del todo. Se apoya en el balcón y me
dice ven, ven mira. Yo la miro desde la cama, desnudo, pensando que en la caja
del tímpano tiene una bailarina que no para de girar. Cuando vuelve a la cama y
se mete bajo las sabanas me dice ven con tu pagoda. Yo le digo, tomándola del
talle, que es una cornamusa de Numancia y no una pagoda. Se ríe cuando la toco
y me dice: apúrate, ya va a oscurecer y te tienes que ir.
Desde punta arena a pisagua se
lee a Neruda, pienso. No hay fronteras para la poesía. Las antípodas. Mi ciudad
es la antípoda de Iravancor, en la India Oriental. Camila camina las calles de
mi ciudad y no sabe eso. La ducha fría cae sobre mi cabeza y desde mi mentón un
hilo de agua me une al piso. Me afeito y me pongo algo limpio. En el bar de
Miltón hablamos sobre las fuerza de las palabras. Las palabras derrotan hasta
el mastodonte más grande, les digo. El vino los hace callar y sus ojos
brillantes me miran. Caen primero sobre sus rodillas, aseguro, luego se les
viene abajo la cabeza y entierran los colmillos en la arena. Camila debe estar
durmiendo ya. Camino hasta el balcón de su departamento y veo las luces
prendidas. Quizás esta flotando mi nenúfar, pensando en que estoy tan lejos.
Quiero subir corriendo, tumbar la puerta y decirle que se han quedado tumbados
con los colmillos enterrados en sus arenas. No hay duda que le gustaría
escuchar eso. Pero se han apagado las luces y me voy calle abajo, a alguna
calle de Iravancor, donde una hindú me de su vientre.
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