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PERROS DE CAZA

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Yo soy Bermellón, azafrán, malva, siena, albaricoque, turquesa, ónice, anjeo, arenque, corona, verdín, gorgonzola sin brillo. Camino por Betelgeuse, Pólux, Cástor, Capella, Perros de caza, Antares, Canope, la cruz del sur sobre mi casa. Ella cumple seis lustros y no treinta años. Y así, Camila dice que me conoce. Se cubre con una sabana y me dice: no me mires. Yo quiero ser una grulla y rascarme el mentón con una pata. Si por Camila fuera ella sería Psiquis y yo Amor. No la entiendo. Flota todo el día como un nenúfar y a mí me da miedo tocarla y que se hunda del todo. Se apoya en el balcón y me dice ven, ven mira. Yo la miro desde la cama, desnudo, pensando que en la caja del tímpano tiene una bailarina que no para de girar. Cuando vuelve a la cama y se mete bajo las sabanas me dice ven con tu pagoda. Yo le digo, tomándola del talle, que es una cornamusa de Numancia y no una pagoda. Se ríe cuando la toco y me dice: apúrate, ya va a oscurecer y te tienes que ir. Desde punta aren...

UNA RONDA Y NADA MAS

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Para entonces, yo había cumplido veintiséis años, llevaba una vida a tiempo partido: entre la universidad y un bar al que frecuentaban algunos intelectuales, por decirlo así, de la localidad. Frecuentar dicho bar me dio la oportunidad de conocer a prestigiados escritores; no tan prestigiados escritores; prestigiados pintores; no tan prestigiados y, así, al infinito. Pero fue en dicho bar en que tuve la oportunidad de conocer a Mario Vargas Llosa. Fue gracias a una invitación personal que el pintor Gerardo Chávez me hizo extensiva a la recepción que éste le haría a aquél en dicho bar, que además era de su propiedad. La cita había sido establecida a las cinco y media de la tarde. Entusiasmado, había tomado una de mis novelas preferidas, me había agenciado de algunas monedas, y había ido con dos horas de anticipación a la cita. El bar se encontraba abierto como siempre al público, más ese día parecía estar distinto: el barman, un gran amigo con el que se podía hablar desde Marguerite ...

CICATRICES

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Con Camila tenemos un pacto. Dormimos por las tardes, después de hacer el amor en una pequeña habitación que tiene en el Jirón Almagro. No la veo casi nunca, ni sé lo qué hace. Me gusta escribir, creo. Tengo una docena de malos cuentos. No trabajo, bebo mucho, suelo ser feliz. Trato de no discutir con eruditos. Son como una molestia y me avinagran el vino que me infla la barriga.  Cuando le hago el amor a Camila me gusta tocarle la cicatriz que tiene en su abdomen. Siempre se pone de costado para poder tocarla mejor. German me espera siempre en la boca de un zaguán.  Se apoya en la pared, enciende un cigarrillo y me espera. En el bar de Milton bebemos caña. El baño del bar es hediondo y mal oliente, por eso no traigo a Camila acá. El pene de la ballena, dice German, como si fuera nuevo hablar de Henry Miller. Primero se me adormece la lengua y luego ya no escucho a nadie. Me imagino a Camila acostada con otro hombre. Quizás por las noches duerma con él. Nuca la voy a ve...

PARTÍCULAS DE GOMA

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De pronto alguien escribe esto. Una vez más ha tomado el lápiz y da golpecitos en una hoja en blanco. Se lo pone  a la altura de la boca y piensa en qué escribir. Y lo hace. Me escribe sentado, a un costado de la cama, aun con sueño, frotándome el rostro a las seis de la mañana. Entonces raya frotándose , y escribe cubriéndose con dos manos. Me escribe sentado en la mesita de sala con una taza de café humeante, ojeando la TV. Me escribe bajando las escaleras del edificio, anudándome la corbata, hablando por el móvil a la oficina. Escribe puntos seguidos… un auto azul, calentándose en la cochera, mientras busco la emisora. Entonces hace un borrón. Muerde el borrador con los labios y vuelve a borrar todo. Luego sopla la hoja para que las partículas de goma roja se vayan. Y escribe. Me dibuja. Es la avenida arenales y el jirón  dos de mayo. Es un hotel. Es una habitación. Una tina de agua tibia y tengo los ojos cerrados. Son las ocho de la mañana y me esperan en la reunión. E...

UN PEZ MUY GRANDE

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A mí me gusta pensar en él. Para cuando lo conocí, me dijo que solo quería volar. Decía que soñaba con comenzar a correr rápido, cada vez más, y poco a poco comenzar a elevarse. Entonces cerraba los ojos y abría los brazos, y me decía que hasta podía sentir el aire sobre su rostro. Yo me reía, pero él me dijo que sí alguna vez iba a volar, lo iba a hacer sobre un campo de trigo y bajo un cielo azul. Me dijo, además, que con sus dedos tocaría las ramitas. Y yo le dije que a mí me gustaba su idea. Siempre me gusta pensar en él. Me gusta, por ejemplo, recordar el día en que me llevó a ver el estanque a las afueras de la ciudad. Era un lago grande de aguas oscuras. Me dijo que había leído una novela donde decía que cuando el agua va discurriendo es porque va dormida; pero cuando se estanca, abre los ojos y mira al cielo. Yo encontré, años más tarde, la frase en un libro de Asturias. Se llamaba Hombres de Maíz. Y entonces me preguntaba que miraban los charcos de las llu...

NO VUELVAS NUNCA MAS A MI

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El bar Irlandés de la Calle Refugio es muy concurrido. Una barra laqueada a la altura del pecho divide a los clientes del barman que, enfundado en un delantal blanco, cuelga de su hombro un mantel. Parados, acodados, sentados en los taburetes, los clientes platican haciendo sonar sus copas. Otros, oficinistas, grupos de amigos, algún agasajado, parejas de enamorados, se ubican al fondo del bar, entre las mesas iluminadas tenuemente por una lamparilla de metal. Un tipo alto, de saco roído, se ha parado junto a la rocola; inserta una moneda y se aleja. Al cabo de unos segundos, la canción se echa a andar en todo el local. Tú, cada vez que te he visto llegar/ Al ver que no te ibas a quedar / Decidido dije nunca más / Mas nuevamente estúpido probé / De ese dulce amargo cuando sé / Lo que siento cuando tú te vas... - ¿Aún piensas en ella? – le pregunta Vicente. El camarero deja sobre la mesa bruscamente dos vasos de cerveza fría y un pote de maní, haciendo bambolear la ...

HISTORIA Y HOTELES

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Definitivamente me gustan los hoteles caros. Si tienen 5 estrellas, mejor. Me encanta sus habitaciones amplias, sus grandes cortinas, el agua tibia y el desayuno americano al otro día, vía service room . Y eso, definitivamente, me lo permiten las clases que doy. He viajado esta año dando conferencias sobre derecho, como nunca en mi vida y, valgan verdades, pienso que estafo a los asistentes. El otro día, por ejemplo, gracias a la amabilidad de un Vocal Superior de Arequipa, con quien llevo un curso en Chile, me propuso unas conferencias sobre el nuevo sistema procesal penal (soy abogado, por si no lo he dicho) en dicha ciudad. Acepté. Viaje con una delegación de ponentes, entre los que se encontraban magistrados, fiscales, docentes y uno que otro amigo que he logrado en estos viajes. Tanto son los viajes, que ya no imagino uno si no es vía avión (al igual que los hoteles baratos, los viajes en autobús son un recuerdo malo en mi memoria). Llegamos un lunes en la mañana....