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CICATRICES

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Con Camila tenemos un pacto. Dormimos por las tardes, después de hacer el amor en una pequeña habitación que tiene en el Jirón Almagro. No la veo casi nunca, ni sé lo qué hace. Me gusta escribir, creo. Tengo una docena de malos cuentos. No trabajo, bebo mucho, suelo ser feliz. Trato de no discutir con eruditos. Son como una molestia y me avinagran el vino que me infla la barriga.  Cuando le hago el amor a Camila me gusta tocarle la cicatriz que tiene en su abdomen. Siempre se pone de costado para poder tocarla mejor. German me espera siempre en la boca de un zaguán.  Se apoya en la pared, enciende un cigarrillo y me espera. En el bar de Milton bebemos caña. El baño del bar es hediondo y mal oliente, por eso no traigo a Camila acá. El pene de la ballena, dice German, como si fuera nuevo hablar de Henry Miller. Primero se me adormece la lengua y luego ya no escucho a nadie. Me imagino a Camila acostada con otro hombre. Quizás por las noches duerma con él. Nuca la voy a ve...

PARTÍCULAS DE GOMA

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De pronto alguien escribe esto. Una vez más ha tomado el lápiz y da golpecitos en una hoja en blanco. Se lo pone  a la altura de la boca y piensa en qué escribir. Y lo hace. Me escribe sentado, a un costado de la cama, aun con sueño, frotándome el rostro a las seis de la mañana. Entonces raya frotándose , y escribe cubriéndose con dos manos. Me escribe sentado en la mesita de sala con una taza de café humeante, ojeando la TV. Me escribe bajando las escaleras del edificio, anudándome la corbata, hablando por el móvil a la oficina. Escribe puntos seguidos… un auto azul, calentándose en la cochera, mientras busco la emisora. Entonces hace un borrón. Muerde el borrador con los labios y vuelve a borrar todo. Luego sopla la hoja para que las partículas de goma roja se vayan. Y escribe. Me dibuja. Es la avenida arenales y el jirón  dos de mayo. Es un hotel. Es una habitación. Una tina de agua tibia y tengo los ojos cerrados. Son las ocho de la mañana y me esperan en la reunión. E...

UN PEZ MUY GRANDE

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A mí me gusta pensar en él. Para cuando lo conocí, me dijo que solo quería volar. Decía que soñaba con comenzar a correr rápido, cada vez más, y poco a poco comenzar a elevarse. Entonces cerraba los ojos y abría los brazos, y me decía que hasta podía sentir el aire sobre su rostro. Yo me reía, pero él me dijo que sí alguna vez iba a volar, lo iba a hacer sobre un campo de trigo y bajo un cielo azul. Me dijo, además, que con sus dedos tocaría las ramitas. Y yo le dije que a mí me gustaba su idea. Siempre me gusta pensar en él. Me gusta, por ejemplo, recordar el día en que me llevó a ver el estanque a las afueras de la ciudad. Era un lago grande de aguas oscuras. Me dijo que había leído una novela donde decía que cuando el agua va discurriendo es porque va dormida; pero cuando se estanca, abre los ojos y mira al cielo. Yo encontré, años más tarde, la frase en un libro de Asturias. Se llamaba Hombres de Maíz. Y entonces me preguntaba que miraban los charcos de las llu...

NO VUELVAS NUNCA MAS A MI

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El bar Irlandés de la Calle Refugio es muy concurrido. Una barra laqueada a la altura del pecho divide a los clientes del barman que, enfundado en un delantal blanco, cuelga de su hombro un mantel. Parados, acodados, sentados en los taburetes, los clientes platican haciendo sonar sus copas. Otros, oficinistas, grupos de amigos, algún agasajado, parejas de enamorados, se ubican al fondo del bar, entre las mesas iluminadas tenuemente por una lamparilla de metal. Un tipo alto, de saco roído, se ha parado junto a la rocola; inserta una moneda y se aleja. Al cabo de unos segundos, la canción se echa a andar en todo el local. Tú, cada vez que te he visto llegar/ Al ver que no te ibas a quedar / Decidido dije nunca más / Mas nuevamente estúpido probé / De ese dulce amargo cuando sé / Lo que siento cuando tú te vas... - ¿Aún piensas en ella? – le pregunta Vicente. El camarero deja sobre la mesa bruscamente dos vasos de cerveza fría y un pote de maní, haciendo bambolear la ...

HISTORIA Y HOTELES

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Definitivamente me gustan los hoteles caros. Si tienen 5 estrellas, mejor. Me encanta sus habitaciones amplias, sus grandes cortinas, el agua tibia y el desayuno americano al otro día, vía service room . Y eso, definitivamente, me lo permiten las clases que doy. He viajado esta año dando conferencias sobre derecho, como nunca en mi vida y, valgan verdades, pienso que estafo a los asistentes. El otro día, por ejemplo, gracias a la amabilidad de un Vocal Superior de Arequipa, con quien llevo un curso en Chile, me propuso unas conferencias sobre el nuevo sistema procesal penal (soy abogado, por si no lo he dicho) en dicha ciudad. Acepté. Viaje con una delegación de ponentes, entre los que se encontraban magistrados, fiscales, docentes y uno que otro amigo que he logrado en estos viajes. Tanto son los viajes, que ya no imagino uno si no es vía avión (al igual que los hoteles baratos, los viajes en autobús son un recuerdo malo en mi memoria). Llegamos un lunes en la mañana....

RECORDANDO A WILLY

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Era del 59, pero aparentaba ser más joven. Nos encantaba pensar con quienes habría compartido su vida, las familias en las que habitó, pero estábamos seguros que cada uno de ellos lo había cuidado con mucho esmero. A parte de la ausencia de uno de los retrovisores laterales, el Mini Austin Cooper que compramos Ofelia y yo se mantenía en buen estado. Lo adquirimos de un ciudadano ingles de la Calle Porrúa, a cuatro cuadras del primer departamento que alquilamos. Era el inicio de nuestro matrimonio y, con la paga que recibía ella de sus clases de música y la mía de profesor de liceo, decidimos buscar un auto a nuestro alcance. Le pusimos de nombre Willy. Me basta cerrar los ojos y recordarlo todo. Ella está de espaldas en el fregadero, mientras yo llego del trabajo, dando saltos en las baldosas como un peón, hasta tomarla del talle. Que susto que le he dado, se queja, un día de estos la voy a matar de un sincope. Exagerada, le digo, mientras nos besamos y, de pronto, en un bolsil...

LA ISLA DE LA MARTINICA

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Dentro del Círculo Universitario, José María y la Martinica eran la pareja más bella. Por eso, cuando se separaron, todos pensamos que se trataba de una más de sus peleas. El círculo fue cayendo, y las reuniones donde se leía a Philip Roth o James Baldwin se perdieron. Al principio, como si se tratara de un acuerdo entre ambos, llegaba uno y el otro no. Extrañábamos, por ejemplo, que José María empezara la reunión del círculo con alguna palabra; una vez leyó el blues de Sonny, de Baldwin, en un libro de pasta roja titulado “Al encuentro del hombre”: el mundo esperaba afuera, hambriento como un tigre, y que el tumulto se extendía sobre nosotros, más extenso que el cielo . Todos nos mirábamos, pero ellos dos se besaban, como si con eso sellarán lo hermoso de cada lectura. Él se reflejaba en sus ojos, y ella dormía en su hombro. A veces, cuando caminábamos luego de las reuniones, pensábamos que la pareja era algo inusual; nos parecía que dormían en un libro y se despertaban en medio d...