UN PEZ MUY GRANDE
A mí me gusta pensar en él. Para cuando lo conocí, me dijo que solo quería volar. Decía que soñaba con comenzar a correr rápido, cada vez más, y poco a poco comenzar a elevarse. Entonces cerraba los ojos y abría los brazos, y me decía que hasta podía sentir el aire sobre su rostro. Yo me reía, pero él me dijo que sí alguna vez iba a volar, lo iba a hacer sobre un campo de trigo y bajo un cielo azul. Me dijo, además, que con sus dedos tocaría las ramitas. Y yo le dije que a mí me gustaba su idea. Siempre me gusta pensar en él. Me gusta, por ejemplo, recordar el día en que me llevó a ver el estanque a las afueras de la ciudad. Era un lago grande de aguas oscuras. Me dijo que había leído una novela donde decía que cuando el agua va discurriendo es porque va dormida; pero cuando se estanca, abre los ojos y mira al cielo. Yo encontré, años más tarde, la frase en un libro de Asturias. Se llamaba Hombres de Maíz. Y entonces me preguntaba que miraban los charcos de las llu...