UNA CORBATA PARA EL FUNERAL


Es verano y no tengo corbata. He tenido que prestar una a José. Ahora que la veo, sé que es horrible y a rayas. Me voy a un funeral, le dije, y él “quien se murió, compadre”, y yo “mi abuelo, Flaco”. Puso cara de tristeza y me entregó la corbata azul de ribetes rojos. Pensé en decirle que era un funeral y no un cumpleaños, solo por hacerle una broma, pero lo vi tan deprimido que no dije nada. Y ahora que estoy acá, sentado, con el verano en todos lados, con mi abuelo frente a mí, metido en un cajón e iluminado por dos candelabros, pienso que necesito una corbata. Solo cuando estuve cerca de la casa me apuré en anudarme la corbata. El velatorio había empezado ayer en la noche, pero yo no quise venir a verlo. Estaba tendido en la cama y con los ojos en el techo. Por la tarde mi primo había venido a verme y a preguntarme si iba a ir o no, y yo le dije que no tenía una corbata para ponerme. Mi primo se había quedado parado en el umbral de la puerta y me miraba confundido. Luego había caminado por la habitación, mirando quizás en la pocilga en la que vivo. Cuando encontró el saco y el pantalón de dril en la silla me dijo que con eso bastaba. Es dril, le dije, y además es verano. Movió la cabeza en forma negativa y me dio la idea de pedir una corbata a José. Pero aquella noche no vine a verlo. Había intentado dormir y un sopor me despertaba a cada rato. Me levanté y me quedé sentado en el filo del catre. Fumé largo tiempo y traté de no pensar en mi abuelo. 

Te hubiera gustado irlo a verlo y lo sabías. Como cuando chico, ¿recuerdas? Lo esperabas en casa con los zapatos lustrados y la camisa manga corta metida en unos pantalones cortos de verano. Te había llevado unos tirantes y te los puso. Con las manos en jarro sobre la cintura dijo “nada mal”. Fuimos al Demarco a que tome café con sus amigos. Un viejo café del Jirón Pizarro. El no tenía ya ni un cobre, ¿verdad? Pero su apellido pesaba más que sus bolsillos. La maldita costumbre de figurar algo que no eres frente a todos. “mi nieto”, dijo, presentándote a un montón de viejos. “saluda a tus tíos”, me dijo. Allí nadie era mi tío. Pero luego supiste que tus tíos tenían que pagar el café que el mañana a mañana bebía allí, así como tus helados que él pedía, ni tú, carajo pedías, pero él “un helado para mi nieto”, y el mozo “de que lo quiere el jovencito”, y yo “de lúcuma”. Tío Luis Orbegoso, así con apellido era mi tío, pagaba mi helado. Tío Mauricio Espinar de Moncada pagaba el café del abuelo, y él ni las gracias daba, doblaba las piernas y leía el periódico. En casa siempre me decía “te sientas así, doblas así las piernas y levantas el mentón, como si miraras por debajo de la montura”. Era elegante verlo. “nunca te puede faltar una corbata”, decía, “si no tienes una, mejor no ir a una reunión o lo que fuere”. Se levantaba de su asiento, doblaba el periódico, veía que yo haya terminado mi helado y decía “bueno, señores, tengo un asunto que resolver, sino los acompañara un momento más”, y tío Mauricio “deja que yo pago, Luis”, y él “vamos muchacho, despídete de tus tíos”. Pero él no tenía nada que hacer luego, recuerdas. Caminaban hasta la casa y él con su bigotazo, su pelo blanco color nube. Se detenía en cuanto amigo encontraba, “es mi nieto”, decía. Luego caminábamos y decía “nada mal, los tirantes, nada mal”.


Es verano y es mal tiempo para morirse. El calor hace imposible ponerse cómodo con la poca ropa decente que uno tiene. Una tía me ha saludado y yo le hecho una venía. Tío Mauricio ha llegado y yo me he apresurado en ponerme de pie para saludarlo. “mi pésame, hijo”, me ha dicho, y yo “gracias, Tío”. Luego lo he invitado a sentarse junto a mí. He cruzado las piernas y le he preguntado por la familia, y él “todos bien, hijo, ven a visitarnos un día de estos”, y yo “claro que sí, tío”. luego me ve y dice "bonita corbata". Yo solo asiento. El calor me agobia, lo sabes, abuelo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

INSTRUCTIVA A ROMEO

TEORIAS

UN VERANO PARA ABRIL