TEORIAS

Ella dibujo el almagesto en la arena, y me dijo que todas las personas, al igual que el sistema geocéntrico, giraban alrededor de mi corazón. Entonces me enamoré. Y me enamoré a ojos cerrados y manos abiertas; y me enamoré con álgebra y modelos heliocéntricos. Los libros sobre la mesa y café humeante, y besos, muchos besos. Y dejamos de lado las teorías y nos fuimos de pesca. Y en un muelle pescábamos peces globos que, sin alas, volvían al mar dando tumbos. Ya no nos importó la velocidad de la luz o la teoría del flogisto. Nos habíamos enamorado con dientes y con manos; con sueño y con sueños; con dedos, con miedo, con cuerpo, con sangre. Y nos mirábamos las uñas y las encontrábamos llenas de arena, de playa, de vida. Ojos y ojos. Grandes cíclopes mirándose así mismos, una constante gravitación universal. La teoría de la doble rendija y el crepúsculo por la tarde. Peces y peces mirándonos desde la profundidad del mar, como nuestros piececillos tocaban el agua. Besos y anzuelos. El amor es así; es con tinta y papel, cartas viejas y fotografías, discusiones sobre el efecto Doppler y el origen de las especies. Habíamos evolucionado dentro del amor y nos habíamos seleccionado naturalmente entre todos. Ni siquiera las leyes clásicas del electromagnetismo explicaban la unión eterna de nuestras manos. Nuestras manos. Una mano única. Las señales eléctricas pueden viajar a través del aire libre y cada quien en su casa se comunicaba con palabras y ojos abiertos por toda la noche. ¿Me escuchaste anoche cuando dije tu nombre? Sí, lo dijiste bajito, para no levantar a nadie; ¿me pensaste mucho? Muchito, pequeñito, así de chiquito, como un pececito dejado por una ola grande, en un charquito, dando vueltas.

Alguien descubrió un día el electrón y a nosotros dos no nos importo, valgan verdades. Comíamos manzanas y dulces. Un día se nos pudrirían los dientes y nos intercambiaríamos uno por el otro. La superconductividad era, según su propia reformulación de la teoría de Onnes, el viaje de su saliva por mi boca, discurriendo como un espiral por mi garganta, mezclándose en mí estomago, siendo absorbido por mi sangre. Yo era ella, me dijo. Mis ojos se agrandaron y crecieron enormes, como gigantes y cíclopes. Dejábamos largos senderos de huellas por la orilla del mar. Pensábamos que el mar se las llevaba lejos, a otras orillas; y así podíamos imaginar nuestras huellas caminando solas por playas inimaginables, recorriendo ciudades. Nos tumbábamos boca arriba y mirábamos el cielo, tomados de la mano. Alguien confirmó la existencia de los neutrinos y no nos importó. Por el contrario, la teoría sobre la radiación de fondo de microondas del universo era para nosotros palomitas de maíz en un cine, viendo pelis tristes. No era lo mismo descubrir que inventar. Habíamos descubierto un lunar en su espalda que llamamos neutrito. Dos raros lunares en mi pecho de nombres polux y armis. Ni idea de donde salían. Pero inventamos palabras, un lenguaje de los ojos. ¿Qué te dicen? Que me amas, que todo va a salir mal un día de estos, por tontos, por tanto amor. Y las lágrimas confirmaron la caída de todo cuerpo atraído por la gravedad. Tomamos una y la examinamos en su mano. Sabía a mar. A sal. Quién diría que Wilhelm Röntgen probó, al colocar varios objetos en frente de la radiación, como los huesos de su mano se proyectaron sobre la pared. Nosotros no descubrimos los rayos X, pero nos mirábamos las manos como si quisiéramos entender como todo ese conjuntos de falanges y huesos nos volvían locos de contentos.

Hoy es posible que ella ya no recuerde todo esto. Un nuevo amor camina con ella. Otra mano distinta. Abro los ojos y miro el cielo. Qué raro. Muy raro todo esto. Camino solo, pensando qué lo que realmente extinguió a los dinosaurios fueron los insectos y no los pobres meteoritos del cine en tecnicolor. Cómo será su vida. ¿Estás llena de teorías? Que raro, ya no oigo tu voz. Me he quedado como un pez, un pequeño pez, dando vueltas en un charco. Hace unos días fabricaron un reloj que sólo se atrasa un segundo por cada doscientos millones de años. Me gustaría preguntarte si estaremos los dos para comprobarlo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

NO HACE FALTA

UN VERANO PARA ABRIL