Entradas

Mostrando entradas de abril, 2017

MUNDO DE SUEÑOS

Imagen
A veces despierto; otras, solo sueño. Mi rostro reflejado en un vitral, y del otro lado del mismo un tren diminuto gira sobre un riel de plástico. Busco guantes y alguna bufanda. Algunas ocasiones me pongo en cuclillas y reviso una pluma fuente, bien lograda, muy bella en mis manos. Camino poco y duermo mucho. Mi mundo de sueños es más tranquilo que el real. Por las noches, cuando todos duermen, yo despierto y enciendo la lamparita de cama. Se ilumina el techo de mi habitación y me muestran las estrellas luminosas, rastros de una antigua inquilina que unió muchas de ellas plastificadas y en color neón. Mi dedo las une, nombrando sus nombres; Capella, Sirio, Procyon, Canopo y Régulo; pegadas sobre la puerta yace Alcor, Mizar, Vega, Deneb, Rigel y Betelgeuse.  De un tiempo acá hablo solo. Una vieja manía aprendida en el colegio que ha regresado. En la cómoda duerme el libro viejo. Su pasta gruesa oculta la historia de niños perdidos en una isla, salvajes, el mundo...

UNA CASA ILUMINADA

Imagen
Sucede siempre así: Me quedo exhorto en algo. No es que pierda la vista del interlocutor, lo que pasa es que, apenas me pierdo en mis pensamientos, ya no escucho sin dejar de verlo a los ojos. Solo veo movimientos de manos y de bocas que gesticulan, se mueven de un lado a otro, esbozado una sonrisa que sé que debo devolverla con una mía. Por momentos regreso en sí y asiento, sonrío, esbozo un claro, te entiendo. Me siento en el café y pienso que un día de éstos vas a entrar, Lucía, que te vas a quedar parada allí y me sonreirás; te quejarás del tráfico y me tomarás la mano: ¿estás mucho tiempo esperándome?, y yo que va, amor, un ratito no más.  Me gusta hablar con Mario. Me cuenta que ya no aguanta a la Vane, que lo llama por las noches desde Lima para que le hable media hora por el móvil hasta dormirse, y yo me río, porque sé que a Mario, en el fondo, le encanta. Se toma la cabeza y yo me río. A veces pienso que me llamarás del aeropuerto, para decirme que ya...

UNA FUGA, UN PARA SIEMPRE

Imagen
En un café de la calle de Esponz y Minas, por la cual se llegaba a la Puerta del Sol, allá en Madrid, me esperaba Abril. Ella, que por aquellos años leía Proust y andaba en busca del tiempo perdido, me había citado para verme. No nos habíamos visto desde que yo dejé el Perú. Para entonces vivía en un cuartito de la Calle del Prado, cerca al Teatro Español y me ganaba la vida como traductor de español al japonés a un grupo de cocineros Nipones que me habían contratado. Estaba bella cuando la vi; tenía una chompa de lana muy larga que le llegaba a los mulsos y una boina también de lana y del mismo color gris. Pedimos soldaditos de pavía y brindamos con vino blanco como debía ser.  Me encontraba igual que siempre y con los ojos más grandes. Estaba de paso por Madrid y quería verme antes de irse. Se había casado me dijo y yo la miré a los ojos. Tonto, me dijo, claro que le amo. Yo me encogí de hombros y pedimos más vino. Le encantaba ese vino y yo le dije que era...