UNA CORBATA PARA EL FUNERAL

Es verano y no tengo corbata. He tenido que prestar una a José. Ahora que la veo, sé que es horrible y a rayas. Me voy a un funeral, le dije, y él “quien se murió, compadre”, y yo “mi abuelo, Flaco”. Puso cara de tristeza y me entregó la corbata azul de ribetes rojos. Pensé en decirle que era un funeral y no un cumpleaños, solo por hacerle una broma, pero lo vi tan deprimido que no dije nada. Y ahora que estoy acá, sentado, con el verano en todos lados, con mi abuelo frente a mí, metido en un cajón e iluminado por dos candelabros, pienso que necesito una corbata. Solo cuando estuve cerca de la casa me apuré en anudarme la corbata. El velatorio había empezado ayer en la noche, pero yo no quise venir a verlo. Estaba tendido en la cama y con los ojos en el techo. Por la tarde mi primo había venido a verme y a preguntarme si iba a ir o no, y yo le dije que no tenía una corbata para ponerme. Mi primo se había quedado parado en el umbral de la puerta y me miraba confundido. Luego había c...