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Mostrando entradas de noviembre, 2017

UN VERANO PARA ABRIL

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Tengo trece años. El verano ha llegado al pueblo y las clases en el colegio están por comenzar. Me gusta ir en bicicleta. Aún recuerdo cuando conocí a Abril. Está parada a un lado del camino. Tiene dos hojitas de té por ojos. Respira como una rana; sentada al filo de un charco, con su bicicleta de canastilla tumbada en la hierba. Había pedaleado mucho desde el pueblo y su intención era llegar a la gran represa, me dijo. Me encogí de hombros y le dije que no había represa alguna, que ya iba a oscurecer y que sería mejor que regresase al pueblo. Yo empecé a pedalear mi bicicleta, dándole la espalda.  Al cabo de un rato, escuche el timbre ronco de su bicicleta a mis espaldas. Volví la vista y la vi pedaleando duro, gritando: ¡eh, espera!.  Dejé que me alcanzara y comenzó a pedalear a mi lado, zigzagueante, como un animalito que ya ni fuerzas tiene. -           ¿cómo que no hay represa alguna? – me preguntó, mientras amenazaba c...